viernes, 5 de octubre de 2012

La obesidad se podría explicar en parte por la falta de sueño.


Bebé y mamá dormidos
La respuesta alterada del cerebro a los estímulos procedentes de los alimentos, podría explicar en parte la obesidad en aquellas personas faltas de sueño...

Un estudio al respecto.
La restricción del sueño podría conducir a comer más debido a una mayor activación del cerebro como respuesta a los estímulos provenientes de los alimentos, según los investigadores estadounidenses de la Universidad de Columbia y St. Luke's -Roosevelt Hospital en Nueva York. En efecto, estudios anteriores ya se referían a que el aumento de la obesidad pueden estar vinculado a una reducción en la duración del sueño.

El mecanismo propuesto que explica este efecto es que la limitación del sueño afecta a hormonas claves relacionadas con la regulación del apetito y el equilibrio de la energía: insulina, leptina y grelina.

Lo cierto es que no demasiados estudios se han centrado en cómo reducir el sueño afecta la manera en que las diversas regiones del cerebro se activan en respuesta a estímulos que nos llegan a través de los alimentos. Por lo tanto, los investigadores del presente estudio quisieron determinar el efecto sobre la actividad de las neuronas, en diferentes áreas del cerebro, del sueño habitual frente a un sueño más ‘restringido’. Para ello, se valoró en ambos casos la respuesta cerebral producida al ver imágenes de diferentes alimentos.

Fases y muestra del estudio.
Bebé recién nacido dormido
En el estudio, participaron 26 hombres y mujeres de Nueva York con edades entre 30 y 45 años y un Índice de Masa Corporal (IMC) que oscilaba entre 22 y 26 kg/m2.

El estudio constó de dos fases: en la primera fase, los participantes fueron asignados al azar a seis días de sueño normal (9 horas cada noche) o restringidas (4 horas por noche). Después de tres semanas, los participantes de cada grupo se intercambiaron. Asimismo, durante los cuatro primeros días de cada fase, los sujetos recibieron dietas estudiadas según sus necesidades energéticas. El resto de los días, podían comer lo que quisieran. En cuanto al ejercicio físico, se permitía la libre práctica del mismo.

En la mañana del sexto día, después de una noche de ayuno, a los participantes se les mostraron imágenes de diferentes alimentos y otros productos no alimentarios mientras su actividad cerebral fue analizada mediante resonancia magnética funcional (fMRI). Las imágenes incluían alimentos bajos y altos en calorías como la avena, las zanahorias, donuts y hamburguesas; los productos no comestibles que veían eran suministros de oficina, una cuerda, mármoles y animales de peluche.

Los participantes incluidos en la fase de sueño restringido, presentaban tras contemplar las imágenes de los alimentos (estímulos) un aumento en la actividad de las neuronas en varias regiones del cerebro: la corteza órbito-frontal (OFC), la ínsula, las regiones de los ganglios basales y el sistema límbico.

En la fase del sueño normal, la visión de los alimentos también produjo incremento en la actividad cerebral en las áreas de la OFC, pero su actividad se redujo y era menos extendida.

Se descubrió, asimismo, que las regiones del cerebro que eran más activas después de una fase de sueño restringido eran precisamente las más relacionadas con la motivación, la toma de decisiones y el auto-control.

Esto podría significar que las personas que duermen poco son más susceptibles a los estímulos procedentes de los alimentos. Asimismo, puede ser que, en estos casos, la gente tenga una mayor motivación para elegir la comida como recompensa o que puedan ser más conscientes de esa ‘recompensa’ y del placer derivado de la ingesta de un alimento.

El cerebro y la comida.
Bebé dormido
De hecho, las regiones cerebrales del núcleo accumbens y del putamen fueron activadas en mayor medida después de la restricción del sueño. Estas regiones están asociadas a la recompensa, el placer, el refuerzo del aprendizaje y la drogadicción. Además, los investigadores hallaron que, cuando se limita el sueño, la actividad de las neuronas en el cerebro era similar al modelo neuronal que se presenta en alguien que ha perdido peso y pretende restaurar el peso corporal inicial.

Este estudio no contempló diferencias en la actividad cerebral después de ver alimentos ricos o pobres en calorías. Tampoco fue capaz de determinar si existe una diferencia en la actividad cerebral de los individuos obesos y delgados ya que la mayoría de los participantes tenían un peso relativamente normal (IMC < 26). Asimismo, el tamaño de la muestra era demasiado pequeño para determinar las diferencias entre hombres y mujeres.

Conclusiones.
Sin embargo, el estudio sí demuestra que el vínculo existente entre la restricción del sueño y la obesidad puede no ser exclusivamente hormonal y que, por el contrario, podría deberse en parte a una mayor actividad neuronal en regiones del cerebro vinculadas a la motivación y a la recompensa, lo cual puede inducir a la gente que no duerme lo suficiente a buscar comida con más intensidad.

 - Para saber más:
Fotos: FreeDigitalPhotos.net papaija2008